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Con quindianos o sin quindianos

Armando Rodríguez Jaramillo (Armenia - Quindío) 

Una sociedad como la nuestra, que desde la ruptura del Pacto del Café (1989) está hablando de crisis, es una sociedad que requiere de un gran esfuerzo y de una buena dosis de inteligencia colectiva para salir avante, pues “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”.

De los tiempos difíciles hay que aprender lecciones por dolorosas que sean. La primera es que se nos entronizó una forma malsana de hacer política bajo la premisa de que el fin justifica los medios. Buena parte de nuestros dirigentes prefirieren atizar enfrentamientos poniendo en la agenda diaria la lucha del poder por el poder, dejando en el cuarto del “rebrujo” el debate sobre el desarrollo. 

La segunda es que las universidades, gremios e intelectuales locales no han construido, salvo algunos ejemplos, un discurso consistente sobre un futuro plausible de la región con escenarios prospectivos que nos orienten hacia un objetivo de bienestar.

La tercera lección  es que debemos aprender de la experiencia para empezar a transitar hacia una economía del conocimiento, ¿pues de qué sirvieron 27 años de crisis del café si no diversificamos nuestra economía?  Las estadistas de comercio exterior  muestran que en los últimos tres años las exportaciones diferentes al café fueron, en promedio, 2,4% de las exportaciones totales, es decir, que el Quindío exporta tan sólo de 5 y 10 millones de dólares anuales en productos agrícolas, agroindustriales, manufacturas e insumos básicos y algunas confecciones.

De ahí que sean enormes los desafíos que debemos afrontar para transformar nuestra economía. Hay que dar un salto cualitativo en la forma de pensar y uno cuantitativo en la forma de actuar, por lo que es imperativo elevar el debate sobre el desarrollo para recuperar el tiempo perdido en disputas políticas estériles y absurdas.

Acusamos una gran brecha en competitividad, productividad e innovación, triada sin la cual no es posible construir ventajas competitivas sólidas.  Es hora de pensar en una agricultura de precisión de frutas, hortalizas y plátano articulada con el Valle del Cauca; en una agroindustria alimentaria de exportación que procese lo producido aquí y lo cosechado en los departamentos vecinos; en el apoyo a las manufacturas de cuero, muebles, confecciones y metalmecánica para dejar de lado el arquetipo de que el Quindío no se puede industrializar; un turismo con productos experienciales de lujo que capte clientes con alta capacidad de pago y atraiga congresos y convenciones; parques tecnológicos que acompañen emprendimientos dinámicos de alto impacto; y servicios logísticos de carga  que hagan de la región el punto de exportación e importación vía Buenaventura.

En fin, hay que pensar en nuevos futuros sin miedo y sin tacañería intelectual, dejando volar la imaginación para romper nuestros esquemas mentales. Es tiempo de evitar a los profetas de la crisis que sólo ven nubarrones y problemas y a los que desean encerrarnos en las idioteces de la politiquería parroquial. No olvidemos que el desarrollo del Quindío se hace con quindianos o sin quindianos.

Comentarios

  1. Ese modelo de desarrollo sigue condenando al campo al fracasado modelo extractivista, solo quen lo esperanza o falacia de la "industrialización", el campo hay que considerarlo como un territorio y no como la actividad agropecuaria a la que ha sido condenada.
    Por qué no pensar en un Quindío con su campo salubre, formado y produciendo desde los servicios, oficios y profesiones del siglo XXI? Por qué no pensar un campo que no necesite de médicos sino que los produzca?

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