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Así no se hace turismo

Por Armando Rodríguez Jaramillo (Armenia - Quindío  - Colombia)

Es innegable el crecimiento del turismo en las últimas dos décadas en el Quindío. Lo que inició como una alternativa para generar ingresos ante la crisis por la ruptura del Pacto Internacional del Café, se consolidó poco a poco gracias a la belleza paisajística, alojamientos rurales, parques temáticos y municipios con la arquitectura de la colonización,  transformando al departamento en un referente del turismo rural y en un destino que muchos colombianos y extranjeros desean conocer.
Pero si bien son numerosos los logros alcanzados en veinte años, no se pueden ignorar las mejoras en las que se debe trabajar para subsanar ciertos detalles que incomodan al visitante. Hace unos días venía de Bogotá en un vuelo que arribó a El Edén a las once de la noche con 160 pasajeros, la mayoría de ellos turistas a juzgar por su indumentaria. Como traía equipaje de mano, salí rápido a tomar un taxi encontrando que sólo había cinco  vehículos en fila. Por insinuación de un conductor, un pasajero accedió a compartir el vehículo conmigo por cuanto nos dirigíamos a mismo sector, ella a un hotel en el parque de Los Fundadores y yo a pocas cuadras de allí. En realidad el taxista era amable, pero su afabilidad se esfumó cuando quiso cobrarnos la carrera por separado, es decir $27.000 pesos por persona, pretensión que se le aguó cuando supo que yo era de Armenia y conocía las tarifas locales.

Un segundo caso fue el de dos amigos extranjeros, los cuales vivieron su calvario al querer cambiar dólares por pesos. La odisea empezó recorriendo las casas de cambio del centro y norte de Armenia en las que les dijeron que no estaban comprando dólares, en sólo una, y como un favor especial para sacarlos del apuro, les ofrecieron comprar a $1.900 cuando la tasa representativa del mercado rondaba los $2.350 por dólar. Así que debieron arreglársela sin efectivo el 24 y 25, cambiando en un banco local el 26 de diciembre a $2.140.

Un tercer suceso tiene que ver con otros visitantes a los que les recomendé el 23 de diciembre uno de los agradables restaurantes que hay sobre la avenida Centenario, ponderándoles el local, la atención y cocina. A las 9.30 p.m. llegaron al restaurante y luego de pedir algo de tomar les dijeron que no los podían atender porque la cocina cerraba a las 10 de la noche.

El último caso corresponde al de un matrimonio de amigos españoles a los que les ayudé a conseguir un vehículo en alquiler con conductor para recorrer el departamento, servicio que está concentrado en personas particulares y no en empresas de renta de carros. Luego de hablar aquí y allí, se llegó a un acuerdo con un señor del que me dieron buenas recomendaciones por su amabilidad y buen estado de los vehículos. El primer día el servicio fue prestado sin inconveniente alguno, pero al segundo día el conductor llegó con un carro más pequeño. De inmediato telefoneé a la persona con la que había hecho el contrato verbal del servicio, respondiendo que como la pareja era de talla delgada había decidido cambiar el carro por cuanto necesitaba un auto espacioso para otros clientes más acuerpados.  A pesar de mi reclamo y del enfado de los visitantes, hubo que aguantar semejante abuso porque no había más alternativa.

Detalles como estos hacen ingrata la estadía de los turistas en el Quindío, de tal forma que si se presta un deficiente servicio de taxi en el aeropuerto internacional El Edén, si es una odisea cambiar moneda extranjera con sometimiento a condiciones de compra leoninas, si los buenos restaurantes cierran su cocina a las 10 de la noche y si el servicio de carros de alquiler es prestado por particulares que incumplen lo que ofrecieron, en poco tiempo los turistas y visitantes preferirán otros lugares y destinos que les brinden respeto y servicios de calidad que hagan amable su estadía, pues para eso pagan.

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